domingo, 20 de junio de 2010

Sin rastro

Por más que me mire al espejo, no logro reconocerme.
Miro mi cuerpo, mis manos, mis labios, mis ojos,
y no consigo encontrarme. ¿Qué mierda esta pasando?
No consigo ver la persona que siempre he sido,
ya no hay fuerza, ni seguridad, ni dureza, ya no hay
sinceridad en mi reflejo. No hay rastro de quién fui,
o de quién siempre he creído ser. Aun así, me niego
a reconocerlo. Sigo definiendome de la misma forma,
porqué ésa era yo y ésa me gustaba ser. Pero cada
vez me cuesta más mantener mi teoría, cada vez me
cuesta más engañar a los demás y engañarme a mi
misma. Mis palabras dicen una cosa y mis actos
son otros. Los opuestos a los que voy anunciando
orgullosa. Cada persona tiene un esencia, buena o
mala, pero la tiene. Y no diré que la estoy perdiendo,
avergonzada diré que la estoy cambiando,
y desafortunadamente la estoy cambiando por la personalidad
que siempre he criticado.
No tengo autocontrol, estoy en un bucle del que durante
el día anuncio estar saliendo, pero al llegar la noche...
dejo de ser la chica que siempre he sido por la chica
que no quiero ser.
Y eso no es lo peor, lo peor es que es sólo durante la noche,
cuando realmente me siento viva.

viernes, 11 de junio de 2010

Mi grito

¿Cómo hablar cuando el corazón quiere gritar?
Sólo gritar. Un grito por cada imagen que me destroza
el alma, por cada persona que me ha hecho sufrir, por
cada momento que me hizo llorar, y un grito por todos
aquellos que sé que vendrán.
Cerrar los ojos, coger aire y que todo el llanto
reprimido salga al exterior, que todo el dolor que
hay en ti escape a través de tu voz.
Gritar como si no hubiera un mañana y que en acabar
el grito hubiera desaparecido el ayer.

miércoles, 9 de junio de 2010

La sombra del viento

No hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando
la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas
en el corazón ya son demasiado profundas.

martes, 8 de junio de 2010

Mi casi amante

Las yemas de tus dedos a través de mi piel,
las palmeras se balancean con el viento,
imágenes...
Me cantaste nanas en español,
la dulce tristeza en tus ojos,
inteligente truco...
Yo nunca quiero verte infeliz,
pensé que tú querrías los mismo para mi.
Adiós mi casi amante,
adiós mi sueño sin esperanza,
intento no pensar en ti,
¿puedes tan sólo dejarme vivir?
Hasta luego mi desafortunado romance,
mi espalda se vuelve hacia ti,
debí haber sabido que me causarías lágrimas,
los casi amantes siempre lo hacen.
Anduvimos a lo largo de una calle llena,
cogiste mi mano y bailaste conmigo,
imágenes...
Y cuando te marchaste besaste mis labios,
dijiste que nunca jamás olvidarías
esas imágenes...
Yo nunca quiero verte infeliz,
pensé que tú querrías los mismo para mi.
Adiós mi casi amante,
adiós mi sueño sin esperanza,
intento no pensar en ti,
¿puedes tan sólo dejarme vivir?
Hasta luego mi desafortunado romance,
mi espalda se vuelve hacia ti,
debí haber sabido que me causarías lágrimas,
los casi amantes siempre lo hacen.
No puedo ir al océano,
no puedo conducir las calles de noche,
no puedo despertar por la mañana
sin ti en mi mente.
Así que te has ido y estoy obsesionada,
apuesto a que tú estás bien,
¿te lo puse tan fácil como para
entrar y salir así de mi vida?
Yo nunca quiero verte infeliz,
pensé que tú querrías los mismo para mi.
Adiós mi casi amante,
adiós mi sueño sin esperanza,
intento no pensar en ti,
¿puedes tan sólo dejarme vivir?
Hasta luego mi desafortunado romance,
mi espalda se vuelve hacia ti,
debí haber sabido que me causarías lágrimas,
los casi amantes siempre lo hacen.

lunes, 7 de junio de 2010

En media hora

A penas recuerdo como empezó esta locura, no soy capaz de
recordar el momento exacto en el que me rendí. No sé en qué
momento accedí a la manipulación ni sé por qué sigo sin
poder controlar todas estas sensaciones.
Aquella madrugada solo había dormido tres horas, un ruido me
despertó y ya no pude volver a cerrar los ojos. De repente
me vi a las seis de la mañana sentada en el bordillo de una
carretera a tan solo unos metros de él. Él sabía que yo
estaba allí y le dio igual. Hacía tan solo media hora se moría
por mi, acariciaba mi mano, sus palabras eran tiernas y dulces,
pocos centímetros separaban nuestras caras mientras yo hablaba,
sus ojos iban de mis ojos a mis labios mientras me decía todo
lo que yo había significado para él y lo que todavía le seguía
importando, quería que fuera suya, aunque solo fuera por una
noche, quería sentirme tanto como yo había deseado sentirle a él.
Y yo cedí, sabía que sería volver a tropezar con la misma piedra,
sabía que no había necesidad, que no me pasaría nada si me iba para
casa, pero accedí. Y allí estaba yo, media hora después, esperándole
en la puerta de su casa, esperando a que saliera por mi.
Pero simplemente no lo hizo.
Sólo había dormido tres horas, pero no fui capaz de volver a cerrar
los ojos. No podía sacar de mi mente aquella desoladora imagen.
Dieciséis horas después, la imagen se va evaporando, pero no la
confusión ni la sensación de sentir que no valgo nada. Y todo se
lo debo a él. A mi gran amigo, el mejor sin duda durante muchos
años. Todo se lo debo al chico que probablemente más me ha llegado
a querer, pero que en algún lugar del camino perdí sin darme cuenta.