Entonces...si todo es como parece, cuando tú y yo estábamos
intentando luchar por que nuestra relación no se fuera a
pique...digamos que tú...ya estabas liado con ella, ¿no?
Entonces...cuando la relación se rompió, ella pasó de ser
tu royo a ser tu novia mientras que yo, pasé de ser tu ex
a ser tu royo. Entonces...siendo todo esto verdad...digamos
que tú...eres un grandísimo hijo de puta, ¿no?
lunes, 24 de enero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
Lo permitiste
Ayer por la noche conocí a alguien. Alguien que me había estado
vigilando, alguien que me conocía muy bien, quizás mejor de lo
que me conozco yo. Nunca habíamos hablado, pero aunque no la
conocía, yo sabía muy bien quien era. Siempre la he visto de
noche. Alta, preciosa y resplandeciente.
Ayer por la noche no podía dormir. El fantasma de directora de
cine quería un nuevo capítulo y yo estaba demasiado agotada
como para brindárselo. Me incorporé de la cama y me quedé
mirando por la ventana que da al patio. Realmente no estaba
viendo nada, me perdí en la oscuridad y en el reflejo de las
farolas a lo lejos que dibujaban una tela gris sobre los
tejados de las casas de mi alrededor, cuando entonces la vi.
Me estaba mirando y estaba dejando que yo me diera cuenta.
Sorprendida, aparté la mirada, aunque solo fue un segundo,
su hermosura y magnetismo me envolvieron durante varios
minutos. Cuando pude reaccionar me di cuenta. La luna, mi luna,
comenzó a llorar. Yo no sabía que hacer, solo podía preguntarme,
¿cómo era posible que algo tan perfecto conociera la tristeza?
Ella suspiró y para mi sorpresa me contestó a la pregunta. Me
dijo que no le había pasado nada. No sufría por nada personal.
Lloraba por mi, por mi dolor. Pasé por alto su respuesta para
formularle otra pregunta. ¿Cómo has adivinado lo que estaba
pensando? Ella hizo una mueca y me dijo que siempre que quiera
puede saber lo que pienso. Siempre, afirmó. Y no sabes lo que
me cuesta mantenerme al margen cuando te veo sufrir de esta
manera. Inesperadamente sonreí, creyéndome todas y cada una de
las palabras que iba escuchando de su boca. Ella siguió llorando.
La observé durante varios minutos sin saber muy bien que decir.
Su llanto y ansiedad aumentaban por momentos y lejos de
reblandecerme me empezaba a molestar. Entonces comencé a pensar,
vale, estoy triste, he sentido el dolor en mi cuerpo, piel, alma
y hasta en los huesos. Pero por mucho que ella pudiera entrar
dentro de mi cabeza, solo yo sé como me he sentido y como me sigo
sintiendo. No lo entendía. ¿A caso ella sabe algo que yo
desconozco y por eso esta tan desconsolada?
-No - contestó rotunda - Aunque también te diría que no si
así fuese.
-Vaya...eso si me consuela. - Contesté.
- Si estoy así Laura, es porque la culpa me come, tengo
remordimientos y la seguridad de haberte podido evitar tanto
dolor.
-¿De qué estas hablando?
-De lo que yo sabía, de lo que vi durante muchas noches y no te
prevení.
-Vas a tener que explicarte mejor si quieres que te siga.
-De acuerdo...Yo te veía Laura, bueno, os veía. Todas las noches
que salíais os observaba. Al principio me parecíais una pareja
peculiar, pero luego me enamoré de vosotros, como muchos de los
que os rodeaban. Yo os vi en vuestra primera vez en la playa,
y las siguientes veces también, vuestros abrazos porque sí, por
tener que estar cogiéndoos por el hecho de estar uno al lado del
otro. Esa sonrisa que se dibujaba en tu cara cuando él se daba la
vuelta, la sonrisa que aparecía derrepente cuando te girabas y
veías lo bien que se llevaba con tu amiga, esas sonrisas no tienen
precio. Aun así, en aquella época eras tú la que me preocupabas.
Esa absoluta negación a aceptar abrir tu corazón...asusta a
cualquiera. Intentaste que él conociera esa parte de ti, incluso
haciéndole daño. ¿Qué pretendías que no se enamorara de ti? Pues
lo acabaste consiguiendo. Yo estaba tan preocupada por ti que solo
me dedique a ti. Jamás volví a intentar adivinar lo que él pensaba
o sentía. Creí que eso estaba más que claro. Él te dijo que te iba
a esperar y así lo hizo. Os observé todas las noches cogidos de la
mano, mirándoos, divirtiéndoos, entregándoos el uno al otro...no
pretendo hacerte recordar los mejores momentos porque sé que los
peores los superan, y con creces. Solo intento que me entiendas.
Yo siempre he estado presente Laura, pero mirando hacia el lado
equivocado. Os seguía, me colaba por balcones o ventanas si hacia
falta para no perder detalle. Intenté cambiarte, para que por una
vez en tu vida te dieras la oportunidad de sentir, de vivir de
verdad. Y lo conseguí. Te abriste, te dejaste llevar, le creíste.
Te enamoraste. Estaba tan orgullosa de ti que te descuidé. Dejé
de vigilarte, te abandoné a tu suerte creyendo que a su lado era
donde más segura y feliz podías estar. Me equivoqué. Creo que no
hace falta que te diga en qué.
- Ya...Dejaste que él me fuera enamorando sin asegurarte que era
recíproco. Sin asegurarte si quiera que él me convenía o era bueno
para mi. Dejaste que me engañara, que me vendiera un amor que no
iba más allá del placer. Dejaste que me tratara mal, como nunca
nadie había hecho. Dejaste que descubriera al malo del cuento
pensando que ese personaje era el que había adoptado yo. Pero
sobretodo, dejaste que todo eso me diera igual con tal de tenerlo
a mi lado un rato más. Con tal de que me siguiera engañando y por
consiguiente haciendo feliz solo por momentos.
-Lo siento tanto...
-No lo sientas. También dejaste que el solito se descubriera.
Dejaste que la máscara que tenía puesta cayera, la suya de niño
bueno y la mía de tonta enamorada. Aunque para eso haya tenido que
despedazar mi corazón, no importa si el resultado a sido que saliera
de mi vida para siempre. Ahora lo que tienes que dejar es que pase el
tiempo. Un tiempo que cure todas las heridas. Y eso sí, antes de
volver a dejarme a mi suerte y a que cometa la estupidez de volver a
abrir mi corazón...asegúrate que él merece la pena, asegúrate de que
me quiere de verdad.
-Lo haré. Te lo prometo.
vigilando, alguien que me conocía muy bien, quizás mejor de lo
que me conozco yo. Nunca habíamos hablado, pero aunque no la
conocía, yo sabía muy bien quien era. Siempre la he visto de
noche. Alta, preciosa y resplandeciente.
Ayer por la noche no podía dormir. El fantasma de directora de
cine quería un nuevo capítulo y yo estaba demasiado agotada
como para brindárselo. Me incorporé de la cama y me quedé
mirando por la ventana que da al patio. Realmente no estaba
viendo nada, me perdí en la oscuridad y en el reflejo de las
farolas a lo lejos que dibujaban una tela gris sobre los
tejados de las casas de mi alrededor, cuando entonces la vi.
Me estaba mirando y estaba dejando que yo me diera cuenta.
Sorprendida, aparté la mirada, aunque solo fue un segundo,
su hermosura y magnetismo me envolvieron durante varios
minutos. Cuando pude reaccionar me di cuenta. La luna, mi luna,
comenzó a llorar. Yo no sabía que hacer, solo podía preguntarme,
¿cómo era posible que algo tan perfecto conociera la tristeza?
Ella suspiró y para mi sorpresa me contestó a la pregunta. Me
dijo que no le había pasado nada. No sufría por nada personal.
Lloraba por mi, por mi dolor. Pasé por alto su respuesta para
formularle otra pregunta. ¿Cómo has adivinado lo que estaba
pensando? Ella hizo una mueca y me dijo que siempre que quiera
puede saber lo que pienso. Siempre, afirmó. Y no sabes lo que
me cuesta mantenerme al margen cuando te veo sufrir de esta
manera. Inesperadamente sonreí, creyéndome todas y cada una de
las palabras que iba escuchando de su boca. Ella siguió llorando.
La observé durante varios minutos sin saber muy bien que decir.
Su llanto y ansiedad aumentaban por momentos y lejos de
reblandecerme me empezaba a molestar. Entonces comencé a pensar,
vale, estoy triste, he sentido el dolor en mi cuerpo, piel, alma
y hasta en los huesos. Pero por mucho que ella pudiera entrar
dentro de mi cabeza, solo yo sé como me he sentido y como me sigo
sintiendo. No lo entendía. ¿A caso ella sabe algo que yo
desconozco y por eso esta tan desconsolada?
-No - contestó rotunda - Aunque también te diría que no si
así fuese.
-Vaya...eso si me consuela. - Contesté.
- Si estoy así Laura, es porque la culpa me come, tengo
remordimientos y la seguridad de haberte podido evitar tanto
dolor.
-¿De qué estas hablando?
-De lo que yo sabía, de lo que vi durante muchas noches y no te
prevení.
-Vas a tener que explicarte mejor si quieres que te siga.
-De acuerdo...Yo te veía Laura, bueno, os veía. Todas las noches
que salíais os observaba. Al principio me parecíais una pareja
peculiar, pero luego me enamoré de vosotros, como muchos de los
que os rodeaban. Yo os vi en vuestra primera vez en la playa,
y las siguientes veces también, vuestros abrazos porque sí, por
tener que estar cogiéndoos por el hecho de estar uno al lado del
otro. Esa sonrisa que se dibujaba en tu cara cuando él se daba la
vuelta, la sonrisa que aparecía derrepente cuando te girabas y
veías lo bien que se llevaba con tu amiga, esas sonrisas no tienen
precio. Aun así, en aquella época eras tú la que me preocupabas.
Esa absoluta negación a aceptar abrir tu corazón...asusta a
cualquiera. Intentaste que él conociera esa parte de ti, incluso
haciéndole daño. ¿Qué pretendías que no se enamorara de ti? Pues
lo acabaste consiguiendo. Yo estaba tan preocupada por ti que solo
me dedique a ti. Jamás volví a intentar adivinar lo que él pensaba
o sentía. Creí que eso estaba más que claro. Él te dijo que te iba
a esperar y así lo hizo. Os observé todas las noches cogidos de la
mano, mirándoos, divirtiéndoos, entregándoos el uno al otro...no
pretendo hacerte recordar los mejores momentos porque sé que los
peores los superan, y con creces. Solo intento que me entiendas.
Yo siempre he estado presente Laura, pero mirando hacia el lado
equivocado. Os seguía, me colaba por balcones o ventanas si hacia
falta para no perder detalle. Intenté cambiarte, para que por una
vez en tu vida te dieras la oportunidad de sentir, de vivir de
verdad. Y lo conseguí. Te abriste, te dejaste llevar, le creíste.
Te enamoraste. Estaba tan orgullosa de ti que te descuidé. Dejé
de vigilarte, te abandoné a tu suerte creyendo que a su lado era
donde más segura y feliz podías estar. Me equivoqué. Creo que no
hace falta que te diga en qué.
- Ya...Dejaste que él me fuera enamorando sin asegurarte que era
recíproco. Sin asegurarte si quiera que él me convenía o era bueno
para mi. Dejaste que me engañara, que me vendiera un amor que no
iba más allá del placer. Dejaste que me tratara mal, como nunca
nadie había hecho. Dejaste que descubriera al malo del cuento
pensando que ese personaje era el que había adoptado yo. Pero
sobretodo, dejaste que todo eso me diera igual con tal de tenerlo
a mi lado un rato más. Con tal de que me siguiera engañando y por
consiguiente haciendo feliz solo por momentos.
-Lo siento tanto...
-No lo sientas. También dejaste que el solito se descubriera.
Dejaste que la máscara que tenía puesta cayera, la suya de niño
bueno y la mía de tonta enamorada. Aunque para eso haya tenido que
despedazar mi corazón, no importa si el resultado a sido que saliera
de mi vida para siempre. Ahora lo que tienes que dejar es que pase el
tiempo. Un tiempo que cure todas las heridas. Y eso sí, antes de
volver a dejarme a mi suerte y a que cometa la estupidez de volver a
abrir mi corazón...asegúrate que él merece la pena, asegúrate de que
me quiere de verdad.
-Lo haré. Te lo prometo.
lunes, 17 de enero de 2011
La película
Y al llegar la noche comienza la película. Me meto en la cama,
cierro los ojos y comienzo a desvariar. Imagino como será la
próxima vez que nos veamos. Que te diré, si te abrazaré, si
podré sonreír...Me resulta fácil ponernos uno frente al otro.
No eres tú al primero que veo, es a tu amigo, el cual yo adoro.
Él se alegra mucho de verme y me coge en brazos como solía hacer.
Casualmente yo ese día voy preciosa. Será verano, yo por esa
época tendré el pelo más largo y el trabajo en el gimnasio
mostrará su resultado en mi cuerpo. Esa noche me queda bien todo,
el vestido, los zapatos, el pelo y tendré el guapo subido. Voy
acompañada por mi aliada allí. Esa amiga a la que le puedo dejar
el peso de la conversación si me siento incómoda. Su mejor amiga
también viene, para hacer bulto. Casualmente mi Polly, mi amiga
del alma ha venido a pasar unos días de vacaciones conmigo, y
se encuentra allí con nosotras. Tú apareces derrepente. Has
salido del local a ver porque tu amigo tarda tanto en entrar,
y nosotras tenemos el coche aparcado donde siempre. Justo enfrente.
Me clavas los ojos mientras piensas como puedo estar tan guapa.
Hay miradas cómplices entre mis amigas y yo. Tu amigo, que se da
cuenta, me abraza y me retira a un lado riéndose y bromeando con
que no te va a dejar acercarte a mi. Conociéndole, dirá algo como
que este año me toca a mi conocerlo "más a fondo". Se reirá y me
reiré mientras tú acabas de llegar al sitio donde nos encontramos.
Las saludarás a todas con una sonrisa en la boca mientras no me
quitas ojo de encima y sigues preguntándote porque estoy tan guapa.
Esperarás a que acabe de bromear con tu amigo para acercarte a mi.
Me mirarás a los ojos como si estuvieras escondiendo o tramando
algo y entonces aparecerá. Esa preciosa sonrisa de la que me
enamoré. Yo dejaré caer la mirada abatida y medio sonreiré mientras
te vuelvo a mirar. Me abrazarás y me dirás al oído las ganas que
tenías de verme y que cada año estoy más guapa, como dijiste el
año anterior. Yo me apartaré con mi media sonrisa dibujada todavía
en la cara y volveré junto a mis amigas. Espectantes obviamente
tras el gran reencuentro que acaban de presenciar. Me examinarán
el rostro en busca de lo que me ha podido suponer encontrarme
contigo, yo sonreiré y evitaré mirarlas a los ojos para que no
descubran la verdad. Una verdad que hoy soy incapaz de imaginar.
No me quitas ojo, y eso me incomoda a la vez que encanta. No
tendrías problemas en decirme lo mucho que te has acordado de mi,
lo mal que lo pasaste, lo preciosa que estoy y cosas así. Todo lo
que haga falta para adoptar tu papel de niño bueno que que tanto
sabes bordar. Todo para ir trabajándote tu visita a la playa a las
seis de la mañana que tanto me harías recordar. Aquello es lo
único que nos unía cuando estábamos juntos y sé que es lo único
que puedes echar de menos de mi.
Anunciaremos que nos vamos. El primero en saltar será tu amigo,
pidiéndonos que entremos en el local con vosotros. Todas me
mirarán esperando ver una respuesta en mi cara, sobretodo mi
aliada allí, por intereses propios claro. Yo sonreiré y...ups...
me he quedado dormida.
Cuando me levanto y recuerdo el gran drama con suspense final
incluido, me doy pena. Me entristece que sigas ocupando mis
últimos pensamientos del día, pensamientos e historias inventadas
que me ayudan a conciliar el sueño. Pero luego pienso que puede
que el destino no nos vuelva a hacer coincidir nunca más. Puede
que la última vez que te vi sea de verdad la última. En ese caso,
no habrá decepción alguna, ya que esta claro que si nos volvemos
a encontrar será un día cualquiera a media tarde, en chanclas,
moño de piscina y sin pintar. Entonces, ¿qué tiene de malo recrear
nuestro futuro encuentro cuando puede ser que no te vuelva a ver?
¿Por qué no puedo ganar? ¿Aunque sea en la cama tapada hasta las
pestañas, pensando en ti todavía y siendo mentira? Da igual. Si no
te vuelvo a ver, no habrá decepción y por una vez perderás tú.
Si te vuelvo a ver, la habrá y como siempre perderé yo. Mientras
tanto...¿porqué no puedo ganar yo todas las noches?
cierro los ojos y comienzo a desvariar. Imagino como será la
próxima vez que nos veamos. Que te diré, si te abrazaré, si
podré sonreír...Me resulta fácil ponernos uno frente al otro.
No eres tú al primero que veo, es a tu amigo, el cual yo adoro.
Él se alegra mucho de verme y me coge en brazos como solía hacer.
Casualmente yo ese día voy preciosa. Será verano, yo por esa
época tendré el pelo más largo y el trabajo en el gimnasio
mostrará su resultado en mi cuerpo. Esa noche me queda bien todo,
el vestido, los zapatos, el pelo y tendré el guapo subido. Voy
acompañada por mi aliada allí. Esa amiga a la que le puedo dejar
el peso de la conversación si me siento incómoda. Su mejor amiga
también viene, para hacer bulto. Casualmente mi Polly, mi amiga
del alma ha venido a pasar unos días de vacaciones conmigo, y
se encuentra allí con nosotras. Tú apareces derrepente. Has
salido del local a ver porque tu amigo tarda tanto en entrar,
y nosotras tenemos el coche aparcado donde siempre. Justo enfrente.
Me clavas los ojos mientras piensas como puedo estar tan guapa.
Hay miradas cómplices entre mis amigas y yo. Tu amigo, que se da
cuenta, me abraza y me retira a un lado riéndose y bromeando con
que no te va a dejar acercarte a mi. Conociéndole, dirá algo como
que este año me toca a mi conocerlo "más a fondo". Se reirá y me
reiré mientras tú acabas de llegar al sitio donde nos encontramos.
Las saludarás a todas con una sonrisa en la boca mientras no me
quitas ojo de encima y sigues preguntándote porque estoy tan guapa.
Esperarás a que acabe de bromear con tu amigo para acercarte a mi.
Me mirarás a los ojos como si estuvieras escondiendo o tramando
algo y entonces aparecerá. Esa preciosa sonrisa de la que me
enamoré. Yo dejaré caer la mirada abatida y medio sonreiré mientras
te vuelvo a mirar. Me abrazarás y me dirás al oído las ganas que
tenías de verme y que cada año estoy más guapa, como dijiste el
año anterior. Yo me apartaré con mi media sonrisa dibujada todavía
en la cara y volveré junto a mis amigas. Espectantes obviamente
tras el gran reencuentro que acaban de presenciar. Me examinarán
el rostro en busca de lo que me ha podido suponer encontrarme
contigo, yo sonreiré y evitaré mirarlas a los ojos para que no
descubran la verdad. Una verdad que hoy soy incapaz de imaginar.
No me quitas ojo, y eso me incomoda a la vez que encanta. No
tendrías problemas en decirme lo mucho que te has acordado de mi,
lo mal que lo pasaste, lo preciosa que estoy y cosas así. Todo lo
que haga falta para adoptar tu papel de niño bueno que que tanto
sabes bordar. Todo para ir trabajándote tu visita a la playa a las
seis de la mañana que tanto me harías recordar. Aquello es lo
único que nos unía cuando estábamos juntos y sé que es lo único
que puedes echar de menos de mi.
Anunciaremos que nos vamos. El primero en saltar será tu amigo,
pidiéndonos que entremos en el local con vosotros. Todas me
mirarán esperando ver una respuesta en mi cara, sobretodo mi
aliada allí, por intereses propios claro. Yo sonreiré y...ups...
me he quedado dormida.
Cuando me levanto y recuerdo el gran drama con suspense final
incluido, me doy pena. Me entristece que sigas ocupando mis
últimos pensamientos del día, pensamientos e historias inventadas
que me ayudan a conciliar el sueño. Pero luego pienso que puede
que el destino no nos vuelva a hacer coincidir nunca más. Puede
que la última vez que te vi sea de verdad la última. En ese caso,
no habrá decepción alguna, ya que esta claro que si nos volvemos
a encontrar será un día cualquiera a media tarde, en chanclas,
moño de piscina y sin pintar. Entonces, ¿qué tiene de malo recrear
nuestro futuro encuentro cuando puede ser que no te vuelva a ver?
¿Por qué no puedo ganar? ¿Aunque sea en la cama tapada hasta las
pestañas, pensando en ti todavía y siendo mentira? Da igual. Si no
te vuelvo a ver, no habrá decepción y por una vez perderás tú.
Si te vuelvo a ver, la habrá y como siempre perderé yo. Mientras
tanto...¿porqué no puedo ganar yo todas las noches?
viernes, 14 de enero de 2011
Quiero, no quiero.
Que la vida me permita pasar página, que me permita eliminar de
mi cabeza y de mi corazón todo el dolor que me has causado.
No quiero que pase el tiempo y que éste se encargue de calmar
el sufrimiento, para que después de un tiempo cuando te recuerde,
solo consiga recordar los buenos momentos, que cuando te piense
sin querer, mi corazón no se encoja y no me entren ganas de
vomitar. No...no quiero eso. Lo que quiero es eliminar de mi el
100% de lo que queda de ti. Quiero llegar al punto de oír tu
nombre, y que tu cara no aparezca en mi mente. Quiero oír todas
las canciones que me de la gana sin recordar cuando las bailábamos
juntos o me las cantabas en la cama. Quiero poder ir de vacaciones
y caminar tranquila por las calles sin temor a que aparezcas al
doblar la esquina. Quiero ver y saludar a tus amigos sin sentir
ningún tipo de nostalgia, quiero poder hablar con ellos sin que
mi mente le esté negando a mi boca preguntar por ti. Quiero volver
a besar, a tocar, a susurrar y a sentir otro cuerpo, otra boca,
otras manos y no estar pensando que contigo era mejor, que contigo
disfrutaba más. No quiero ni pensar que contigo era peor. No quiero
que aparezcas. Nunca. No quiero sentir que estoy bebiendo sin sed.
Quiero que todo esto no haga mella en mi, no quiero cambiar. No
quiero cerrarme en banda ni pensar que no volveré a ser como antes.
Aunque por dentro siento y sé que ya no hay marcha atrás. Supongo
que podré volver a ilusionarme, quizás hasta a enamorarme, pero no
pienso dejar la responsabilidad a otro, de curar lo que tu has roto.
Aterrada, celosa, desconfiada, insegura, contestona...este es mi
estado actual, un estado que no conocía y que muy amablemente te has
dedicado a hacerme ser. No quiero que nadie me conozca ahora,
ahora no, solo verían vacío.
Mas que olvidarte a ti, tengo que olvidar todo lo que me has hecho
hacer, decir o pensar. Sobre eso es sobre lo que no hay retorno,
y es algo que jamás te perdonaré. Ni a ti, ni a nadie.
Yo ya he jugado mis cartas, y tú parece que esta vez no vas.
Por suerte o por desgracia, no volverás a estar invitado a jugar.
Créeme.
Game over.
mi cabeza y de mi corazón todo el dolor que me has causado.
No quiero que pase el tiempo y que éste se encargue de calmar
el sufrimiento, para que después de un tiempo cuando te recuerde,
solo consiga recordar los buenos momentos, que cuando te piense
sin querer, mi corazón no se encoja y no me entren ganas de
vomitar. No...no quiero eso. Lo que quiero es eliminar de mi el
100% de lo que queda de ti. Quiero llegar al punto de oír tu
nombre, y que tu cara no aparezca en mi mente. Quiero oír todas
las canciones que me de la gana sin recordar cuando las bailábamos
juntos o me las cantabas en la cama. Quiero poder ir de vacaciones
y caminar tranquila por las calles sin temor a que aparezcas al
doblar la esquina. Quiero ver y saludar a tus amigos sin sentir
ningún tipo de nostalgia, quiero poder hablar con ellos sin que
mi mente le esté negando a mi boca preguntar por ti. Quiero volver
a besar, a tocar, a susurrar y a sentir otro cuerpo, otra boca,
otras manos y no estar pensando que contigo era mejor, que contigo
disfrutaba más. No quiero ni pensar que contigo era peor. No quiero
que aparezcas. Nunca. No quiero sentir que estoy bebiendo sin sed.
Quiero que todo esto no haga mella en mi, no quiero cambiar. No
quiero cerrarme en banda ni pensar que no volveré a ser como antes.
Aunque por dentro siento y sé que ya no hay marcha atrás. Supongo
que podré volver a ilusionarme, quizás hasta a enamorarme, pero no
pienso dejar la responsabilidad a otro, de curar lo que tu has roto.
Aterrada, celosa, desconfiada, insegura, contestona...este es mi
estado actual, un estado que no conocía y que muy amablemente te has
dedicado a hacerme ser. No quiero que nadie me conozca ahora,
ahora no, solo verían vacío.
Mas que olvidarte a ti, tengo que olvidar todo lo que me has hecho
hacer, decir o pensar. Sobre eso es sobre lo que no hay retorno,
y es algo que jamás te perdonaré. Ni a ti, ni a nadie.
Yo ya he jugado mis cartas, y tú parece que esta vez no vas.
Por suerte o por desgracia, no volverás a estar invitado a jugar.
Créeme.
Game over.
lunes, 10 de enero de 2011
Ya no
Y en la oscuridad solo consigo ver tus ojos,
esos ojos que fueron mios y que hoy ya no me miran a mi.
esos ojos que fueron mios y que hoy ya no me miran a mi.
martes, 4 de enero de 2011
El juego del amor
Cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían,
así que inventaron los seres humanos. Pero seguían
aburriéndose, e inventaron el amor. Y vieron que ya
no se aburrían, así que decidieron probarlo ellos mismos.
Y finalmente inventaron la risa, para poder soportarlo.
así que inventaron los seres humanos. Pero seguían
aburriéndose, e inventaron el amor. Y vieron que ya
no se aburrían, así que decidieron probarlo ellos mismos.
Y finalmente inventaron la risa, para poder soportarlo.
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