martes, 20 de abril de 2010

Hacía un día realmente precioso, y para romper la rutina
de los últimos días, ése día no me lo pensaba perder.
Era delito que en un día como ése, yo, la chica normal,
fuera incapaz de mostrar mi mejor sonrisa, fuera incapaz
de mostrar mi mejor cara. Por qué sé que las tengo,
en algún lugar remoto de mí misma, pero la tengo.
Y ese día, no solo la mostré porque el día lo mereciera,
si no, porque yo, la chica normal, me merecía una tregua.

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