El amor siempre decepciona. Nos enamoramos pensando que el
amor nos convertirá en personas enteras, que apuntalará
nuestros cimientos, acabará con nuestra sensación de estar
incompletos, nos dará la estabilidad que deseamos.
Pero descubrimos que, por el contrario, es una experiéncia
terriblemente arriesgada. Porque está cargada de
ambivalencia. Buscamos certezas en otra persona y descubrimos
dudas, tanto en el objeto de nuestro amor como en nosotros
mismos. Tal vez el truco consista en reconocer la
ambivalencia fundamental que acecha tras cualquier humano,
la capacidad de éste para experimentar dos emociones o
sentimientos opuestos coexistiendo en el mismo ser.
Porque en cuanto se reconoce, en cuanto se aprecia el
caracter defectuoso de todas las cosas, se puede seguir
adelante sin decepciones.
Hasta que te enamoras de nuevo, porsupuesto.
lunes, 21 de marzo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario