martes, 8 de diciembre de 2009

Momento de debilidad

Y pensaba que lo peor había pasado,
que superar tu repentina ausencia sería lo más duro.
Muchos días tragando y tragando,
convenciéndome a mi misma que lo mejor era dejarte ir,
cogiendo el móvil con mis manos con la ilusión de saber algo de ti
y soltarlo con la resignación de no atreverme,
no podría volver a revivir tus palabras
ni volver a sentir ese dolor en mi pecho,
por eso era mejor seguir sufriendo tu ausencia
que llorar tu rechazo.
Me recorro los sitios donde sé que puedes estar,
con la ilusión de que vengas y el miedo a que aparezcas.
Si te llamo sabrás que te hecho de menos, en cambio,
si aparezco pensarás que es una coincidencia.
Desolada, pero profundamente orgullosa de mi,
había conseguido mantenerme al margen,
aparentar que no me dueles tanto,
pero la vida es enormemente contradictoria.
Después de superar las primeras noches,
en las que a pesar del alcohol y la locura de la noche
supe controlar mis ganas de ti,
la debilidad me llega la noche de ayer.
El alcohol hizo que perdiera la vergüenza,
mi orgullo y el miedo a que vieras realmente como estoy.
El resto lo hice yo...


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