Iba caminando. No sabía bien bien dónde me encontraba,
pero sin duda alguna era el sitio más bonito en el que
había estado. Recuerdo que caminaba sin rumbo, no me dirigía
a ninguna parte en concreto. Caminaba muy despacio observándo
absolutamente todo lo que a mi vista se presentaba. Esos
colores destellantes invocando vida a cada paso que daba,
el olor a limpio, a nuevo, sin duda alguna aquel sitio era la
purificación en persona. No sabía lo que me pasaba pero no
podía dejar de sonreír. Fui adentrándome más en el inmenso
bosque y lo que sucedió me maravilló aún más. Los árboles,
esos gigantescos trozos de madera envueltos de vegetación,
empezaron a susurrar.
Me quedé inmóvil. Me asusté. Por puro instinto comencé a
retroceder muy bien sin saber por qué. De repente paré,
escondida detrás de una gran piedra, recobré la respiración.
Pero los árboles seguían susurrando, seguían hablándome.
Agudicé mi oído todo lo que pude y logré averiguar lo que
intentaban decirme. Pero no entendía muy bien qué
significado real le daban a ésas palabras,
"Frío, calor, frío, calor, para ya,
¡conviértete! ¡despierta!" y así sucesivamente.
Por unos momentos me quedé inmóvil, pensando que evidentemente
me había vuelto loca. De repente, alguien gritó mi nombre.
Me llamaban, me estaban buscando. Seguí escondida detrás de la
gran roca, su voz me daba miedo. Estaba enfadado y eso no me
gustaba.
Oí como sus pasos se alejaban de dónde me encontraba y respiré
tranquila. Mientras tanto, los árboles seguían con su recital.
Ésa persona, quien quiera que fuera, no los había oído.
¿A caso era la única que los escuchaba? Salí corriendo hacía
ellos en busca de algo más, en busca de algo que diera
explicación a tanta locura. Me descubrí ante ellos. Los empecé
a inspeccionar buscando de dónde salían sus voces. Entonces,
algo o alguien saltó sobre mi.
Me quedé paralizada, no sabía que estaba pasando ni si me iba
a hacer daño. Abrí los ojos y me tranquilicé al ver que no era
ningún animal salvaje que me iba a comer. Era una persona,
pero no lograba ver quién era. Se dio la vuelta y empezó a
caminar en línea recta esquivándo los árboles. Árboles que él
no podía oír. Sin saber por qué lo llamé, le grité para que se
diera la vuelta, pero no obtuve respuesta alguna.
La locura que estaba viviendo no me hizo recular y comencé a
seguirlo por pura curiosidad. Al contrario de mi, él si sabía
dónde estaba. Se conocía el camino a la perfección y aunque eso
me asustaba, seguí con la persecución. De golpe paró en seco.
Una extraña fuerza y un enorme exceso de confianza por mi parte
hizo que llegara hacia él sin temor.
Me quedé detrás,a su espalda, fue como si lo que
más me atemorizara fuera saber quién era.
- Has tardado mucho - me dijo.
Su voz...me era familiar. No sabía o no quería imaginar quién
era el chico que tenía delante.
- ¿Me conoces? - le contesté.
- ¿A caso tú a mi no? Parece mentira Laura...
Ahora si que empecé a asustarme. Me negaba a pensar que era él.
Me daba pánico enfrentarle.
- Sabía que eras tú desde el momento en que me has estado
llamando, y cuando te has tirado encima mio, he aclarado
cualquier duda que pudiera tener. Tu tacto y tu olor son
inconfundibles para mi.
Por eso te he seguido... - le dije.
- Mentirosa.
- Es verdad. Siempre lo ha sido.
- Mentirosa.
- ¿Qué quieres? ¿Dónde estamos? - le dije cansada.
- Estas dentro de mi. Estas en mi cabeza.
- ¿En tu cabeza?
- Sí. Te he querido mostrar todo lo que podría haber sido y
no fue. Todo lo que te podría haber dado, los colores,
los olores, las sonrisas, todo.
- Tiene que ser una broma. - le dije.
- ¿Tú crees? ¿Entonces dónde estás, Laura?
- No lo sé, pero esto es una locura.
- Lo es. Contigo siempre lo ha sido. -me dijo apartándose de
mi vista.
- ¿Dónde vas? - le dije.
- Me voy.
- Ya lo veo, ¿pero a dónde?
- Vuelvo a mi mundo. Este sitio lo había creado para ti, y
ya es hora de destruirlo, ya que de ti, ni me queda ni quiero
nada.
Me quedé mirándolo y las lágrimas empezaron a caer de mis ojos.
- No puedes decir eso. -le dije
- Te queda poco tiempo Laura, conviértete, despierta, o morirás
aquí dentro.
- ¿De que estás hablando?
- No más frío...no más calor. Deja de marear la perdiz.
Ya es hora de que te conviertas en quién quieras ser y que
despiertes de este sueño.
No recuerdo cómo salí de allí. No volví a saber de él. Nunca.
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