- ¿Y eras feliz?
- Muchísimo.
- Antes de conocerla digo.
- Sí, sí. Antes de conocerla yo era un chico normal. Disfrutaba de
las ventajas que la vida me había brindado: mi físico y mi morro.
No digo que fuera el típico don Juan, tampoco usaba a las chicas
a mi antojo, simplemente aprovechaba mis oportunidades. Se podría
decir que sabía jugar bien mis cartas.
- ¿Así que ibas de una chica a otra no?
- No, no siempre. Recuerdo a Paula. Si...Paula era increíble. Guapa
inteligente, sincera y muy divertida.
- ¿Te enamoraste de ella?
- ¿Enamorarme? ¡No! Podría haberlo hecho perfectamente. Sin duda
alguna, Paula tenía todas las cualidades que pueden hacer que
un hombre pierda la cabeza.
- ¿Entonces?
- No diré que era joven, por qué ya no lo era tanto. Tampoco diré
que no era el momento ni chorradas como esas que se suelen decir.
Simplemente no creía en el amor. No creía en cuentos de hadas ni
en amores imposibles. Tampoco creía en príncipes y princesas
destinados a comer perdices.
Si a esa edad tenía algo claro, era eso. No por haber sufrido,
ni por miedo o por haber vivido una mala experiencia. Simplemente
yo estaba bien como estaba. Valoraba lo que tenía y no tiraba
mis días a la basura pensando en, y si...¡no! Y si...¡nada!
Las cosas son como son. No iba a quedarme sentado esperando
vivir ese vértigo y esa dependéncia. No era tan idiota. Y te
vuelvo a repetir, no por miedo, si no porqué realmente no me
hacía falta y no añoraba vivir esa sensación ya que nunca la
había vivido.
- Vaya...me sorprendes. Sé que a esa edad es más divertido el sexo
que el amor. Pero nunca hubiera imaginado que tú algún día
llegaras a pensar así.
- Pues sí. Y no sabes como echo de menos aquella época. Como echo
de menos pensar así. Sentir que no le debo nada a nadie, que voy
y vengo sin sufrir y sin hacer sufrir, claro.
Mi pena es esa. Saber que nunca volveré a ser quien fui. A ser
quien en realidad soy. No podré, nunca.
Después de ella no queda nada, ni siquiera quedo yo.
- ¿Realmente piensas que no podrás superar su marcha?
- Jamás. Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero hay casos que ni
el mismísimo tiempo es capaz de cicatrizar el corazón más
destrozado. Sé que el tiempo logrará que mi herida deje de sangrar,
pero jamás la podrá hacer desaparecer.
- No sabes como me duele verte así. Oírte, me destroza. Pero eres
joven y ¡guapo! Seguro que hay a miles de chicas dispuestas a
enamorarte y esperando que tú hagas lo mismo.
- Miles seguro que no. Alguna...puede. Pero ninguna será como ella.
Nadie es como ella. ¿Queda claro?
- ¿Pero qué te ha hecho? ¿Qué te ha dado? ¡Se largó! ¿vale?
Y te dejó aquí. Te abandonó sin preguntar ni preocuparse de en
qué condiciones de dejaba. No entiendo como puedes seguir
defendiéndola.
- No la defiendo. La odio.
- ¿Te sientes culpable por su marcha?
- Cada día.
- ¿Por qué? ¿A caso le hiciste algo malo?
- Nunca.
- ¿Entonces?
- Me culpo por no haber hecho nada bueno. Ella me entregó su vida
sin yo habérsela pedido. Simplemente lo hizo y nunca se lo agradecí.
No se lo demostré, almenos no como ella merecía. Oculté todo lo
que ella me hacía sentir. ¿Y sabes por qué? Por vergüenza.
¿Yo enamorado? ¡Jamás! Eso no existe...
- ¿Entonces sigues pensando igual?
- No lo sé. No puedo asegurarte que el amor existe. Lo que sí te
aseguro es todo lo que ella me hacía sentir. No hay absolutamente
nada comparado con eso.
- ¿Y nunca se lo dijiste?
- Mmm...si, a mi manera. Que desde luego no era la manera correcta.
Sé que nunca le llegué a mostrar todo lo que ella significaba
para mi, ni lo mucho la amaba, ni lo feliz que yo era teniéndola
a mi lado.
- ¿Y crees que por eso se fue?
- Espero y deseo que no. Todos los días me esfuerzo en rechazar ese
pensamiento que me atormenta y me persigue. Jamás podría
perdonármelo. Ella era parte de mi...
- Sí...pero se fue.
- Sí...y sé que algún día, cuando sea el momento me reuniré con
ella donde quiera que esté...
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