Por primera vez en su vida, Kate se rindió.
Agachó la cabeza, bajó sus brazos y las piernas le fallaron.
Ella sabía que no era una racha más, era algo más serio,
no lo podía controlar, se le escapaba de las manos.
Estaba totalmente perdida y contradictoriamente,
respirar suponía su asfixia.
Nunca se había sentido así, nunca.
En medio de su locura, decidió salir a la calle.
Llamó puerta por puerta pidiendo ayuda.
Ella no queria que nadie la compadeciera,
lo último que quería era dar lástima.
Lo que Kate necesitaba era comprensión,
que alguien desinteresadamente se prestara a escuharla.
Con que alguien a parte de poner la oreja, la escuchara tenía suficiente.
Pero absolutamente nadie lo hizo. Es más,
la tomaron por loca y no solo no la ayudaron,
sinó que además fueron groseros con ella.
Otra herida más, pensó ella.
Derepente, notó su móvil en el bolsillo derecho de su pantalón.
¿Por qué no se le había ocurrido antes?
Supongo que porque no queria mezclar a nadie que pudiera avergonzarse
de ella.
Cogió su teléfono y abrió su lista de contactos.
Kate sabía que no podía llamar a quién realmente deseaba,
aunque eso significara su liberación.
Así que fué llamando uno tras otro y nada.
La gente esta demasiado ocupada con sus estúpidas vidas.
En fin, otra herida más pensó ella.
Cayó en la cuenta de una de las cosas más difíciles en la vida,
darse cuenta que estas absolutamente sola,
por mucho que la gente se empeñe en decirte lo contrario.
Empezó a caminar por las calles frias, negras y tristes
que tanto odiaba Kate.
Caminaba sin destino y muy despacio,
como si esperara que alguien la alcanzara y le convenciera
de que no estaba sola.
Caminaba y caminaba hasta que llegó al parque
que tantos buenos momentos le habian dado.
Cogió si Ipod del bolso, se sentó en el suelo
apoyando su espalda en el gran tronco,
y su canción favorita empezó a sonar.
Sin duda ese había sido el mejor momento del día.
Stay away, sólo Stay away en su cabeza,
recorriendo cada extremo de su cuerpo,
sintiendo como su melodia iba calmando su rabia,
la iba serenando, tranquilizando, de nuevo comenzaba a respirar...
así fue como Kate se quedó dormida.
Debieron de pasar horas antes de que Kate se despertara.
Le dolia todo el cuerpo, el dolor de espalda era insoportable.
Sabía que tenía que abrir los ojos pero se resistia a ello.
¿Para qué? Cada vez le costaba más enfrentarse a su despertar.
Derepente se acordó del parque, del tronco y de Stay away.
Abrió los ojos asustada y lo que vió le asustó aún más.
Kate se encontraba tirada en el suelo de su habitación,
con la misma ropa del día anterior.
Intentó recordar que fue lo último que hizo,
y se acordó: Rendición
En ese momento le vino a la memoria...
Agachó la cabeza, bajó los brazos y las piernas le fallaron.
Era lo último que recordaba antes de supuestamente salir a la calle.
Kate no solo se rindió mentalmente sinó que incluso su cuerpo la rechazó.
La pena, la desgrácia, la compasión y la decepción que sintió
hacia ella misma no se podia ni comparar con la gran soledad que
le envadia en esos momentos.
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