No busco nada que no haya encontrado alguien antes.
Amor, cariño, ¿perdón? Totalmente.
Seguridad, confianza, ¿fortaleza? Por supuesto.
Absolutamente nada que la vida no le haya brindado
a alguien anteriormente.
Sentada en la oscuridad de la noche las dudas invadieron
mi mente. Ora vez. Pero esta vez era diferente.
Esta vez no me sentí responsable de todo, no sentí
la culpabilidad ni la angustia tras de mi, como un
maldito fantasma que me acompaña allá dónde voy
recordándome que algún día te perdí.
Por primera vez me encontraba sola. A solas conmigo misma.
Y me sentí la dueña del mundo. Tapé la luna con el dedo
pulgar de mi mano derecha y fue entonces cuando comprendí
que si realmente quería algo, no podía controlar la suerte
de tenerlo o no, pero sin duda, si podía controlar el poder
para luchar por ello. Ese poder estaba en mi mano. Ahora,
lo importante es saber si se esta preparado para conseguir
lo que uno quiere. Porqué es más fácil vivir con la esperanza
de obtener lo deseado que vivir con el miedo de perderlo.
Llena de vitalidad volví a mi habitación, el contraste
del frío de la calle con el calor del interior me hizo
sentirme a salvo, como solo en casa se está.
Me tumbé en la cama tapada hasta las orejas, moviendo las
piernas para entrar en calor, y así, poco a poco fui quedándome
dormida. Me dormí con la increíble sensación de haberme
sentido la dueña del mundo, aunque solo fuera por una noche.
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