viernes, 5 de marzo de 2010

Una gran noche

Porfín las aguas se habían serenado. La presión al
respirar había cesado, recordar ya no dolía tanto, y
mientras yo sonreía, afuera, el cielo lloraba.
Y por primera vez en mucho tiempo no me importaba en
absoluto. Tenía mi propio cielo, el que yo quería,
con el que me encontraba cómoda, segura y a salvo.
Salí al balcón de mi habitación y resguardada de la
lluvia, no pude evitar la contradicción de sentirme bien.
Estuve muchísimo rato observándo el cielo llorar y
llorar sin tregua alguna y aquello no me molestaba,
nada en absoluto. Me fui a dormir con el mejor
pensamiento que había tenido en mucho tiempo. Me dormí
aferrada a la idea de que tarde o temprano saldría el sol.
Y no me equivoqué. :)

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