Que bonito sería poder volar,
volar, volar y volar
sin barreras, sin muros, sin obstáculos
y detenerse únicamente cuando tú lo creas necesario.
Ir de un sitio a otro sin preocuparse del día ni la hora,
sin preguntarte una y otra vez si lo estarás haciendo bien,
si estarás tomando la decisión adecuada,¿qué más da?
Dejarte llevar, sólo dejarte llevar,
hacer lo que realmente quieras hacer, sin pensar,
sin involucrar a tu mente, sin programar, sólo sentir,
cerrar los ojos y vaciar tu mente, respirar hondo
y agudizar tu oído hasta sólo oír el latido de tu corazón.
Volar, volar y volar...
Pero, ¿no sería más bonito encontrar tu lugar?
El paraíso, todo y todos los que están en él no existen,
no existe ningún sitio dónde no haya sufrimiento, dolor,
compasión, sangre, luchas perdidas, soledad, agonía,
tristeza, tentación, deslealtad, decepción, arrogancia,etc.
¿Es posible entonces encontrar tu lugar?
El truco esta en aprender a vivir con el miedo a perder,
con el miedo a sufrir, con el miedo a derrumbarte,
y lo más importante, con la fuerza para poder levantarte.
Encontrar un lugar dónde ser tú misma,
vivir como quieras vivir y con quien quieras hacerlo.
Elegir bien a tus compañeros de viaje y entonces darlo todo.
Volar esta bien, desconectas, te liberas,
pero tarde o temprano has de tocar tierra,
no puedes volar eternamente.
Hay mucho trabajo por hacer,
tú decides cómo, cuándo y con quién hacerlo.
Si eliges bien habrás ganado.
Da igual el sitio, da igual el lugar,
estés dónde estés habrá merecido la pena.
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