El pasado te acecha, te persigue, te asfixia,
te destruye, te aprisiona, te recuerda,
te ciega, te marca, te hiere, te duele,
el pasado te hecha de menos...
Un recuerdo, un sentimiento, la sonrisa de aquel verano,
la lluvia de aquel fin de semana, la mirada de aquel día,
el beso de aquella noche...
Son imágenes grabadas en tu mente,
que no te abandonan, viven contigo todos los días
y te recuerdan que alguna vez te sentiste viva.
Hubo una vez que fui feliz, por eso ahora estoy triste.
Te aferras a esos recuerdos, son tuyos, de nadie más.
Piensas en ellos, llega un momento que vives de ellos.
Y ese es el problema. Tu día a día es triste, pobre,
carece de emoción. Te ves obligada a abrir la compuerta
y recordar, recodar la última vez que fuiste feliz,
la última vez que te sentiste viva. Entonces te aferras
a ese recuerdo creyendo que si lo rescatas,
si rescatas esos momentos volverás a ser feliz.
Volverás a sentirte como una vez lo hiciste.
Y de lo que no nos damos cuenta es de que esos grandes
momentos un día se volvieron grises, se apagaron,
decidimos poner punto y final. De no ser así,
no formarían parte de tu pasado sino que seguirían
presentes en tu vida...
Tenemos que ser capaces de asumir las diferentes
etapas de nuestra vida, que son muchas, y ser valientes.
Tener el valor de asumir la verdad.
No justificar nuestra pena echándole la culpa de nuestro
dolor a la persona que un día fuimos o a los momentos
que en su día vivimos, no se puede culpar al pasado
del sufrimiento de nuestro presente.
Hay que dejar el pasado atrás y buscar soluciones
para nuestro día a día. Dejar de preguntarte que falló,
y preguntarte qué esta fallando.
Sólo así podremos encontrar soluciones a nuestras preocupaciones.
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Quieres escribir de una vez?
ResponderEliminarO tengo que ir hasta tu casa y patearte el culo??!